miércoles, 20 de abril de 2011

Mi nombre es José Mourinho

Resulta que había un método para ganar al Barcelona de Guardiola y lo tiene José Mourinho, el ganador de títulos, como lo llamó esta semana Johan Cruyff. Desde ayer, tras una prórroga taquicárdica, tras tejer una telaraña perfecta en la primera parte y aguantar durante toda la segunda las embestidas de la factoría azulgrana, el Real Madrid destronó al Barcelona y se proclamó campeón de la Copa del Rey. Al más puro estilo José Mourinho.

Y fue en el minuto 102, cuando el Barcelona ya se veía impotente para perforar de la portería de un sensacional (otra vez) Casillas, cuando la imagen del punto de penalti se reflejaba en las pupilas de 22 jugadores, cuando un determinante Di María puso un centro medido en la cabeza de Cristiano Ronaldo que acabó en la red de Pinto. Es de esas jugadas a las que el portugués se lanza con apetito voraz, como si supiera que si no se come ese balón aéreo ya no probará bocado en siglos. Un gol que dejó petrificado al 'Pep team' y ponía fin a seis clásicos de sequía blanca.

Todo lo preparó un tal José Mourinho, que esta semana aguantó con su habitual estilo las críticas de Cruyff, Toshack y el mismísimo Di Stéfano. Ahí es nada. Cualquiera hubiera recogido velas, pero no Mourinho, tan acostumbrado a manejar las situaciones de crisis, tan dado a poner su sello personal a todo cuanto ocurre alrededor de su equipo, no iba a permitir que nadie modificara su hoja de ruta, hasta ahora la única válida para acabar con el juego perfecto del Barcelona de Guardiola.


La telaraña
Todo se produjo alrededor de una telaraña. Una telaraña perfecta diseñada por 'Mou' y dibujada con paciencia por el Real Madrid. A lo largo y ancho de toda la primera parte (45 minutos) ni un solo tiro a puerta del Barcelona. Y eso es noticia.

Muchas faltas, mucho juego bronco que en ocasiones se convirtió en peligroso para la integridad de jugadores como Pedro o Messi, pero todo según la línea trazada: El Barça, cuanto más lejos mejor. Tan bien ejecutado estuvo el 'plan Mou' a lo largo del primer acto que, incluso, se pudo marchar al descanso con ventaja, cuando Pepe, el hombre comodín del técnico portugués, estrelló un cabezazo en el palo en el minuto 43. Al descanso, ni rastro del Barça.

Todo cambió en el vestuario. El Madrid acusaba la falta de gasolina y el Barcelona ponía una marcha más. La traducción fue una presión asfixiante del cuadro azulgrana que sólo pudo contener un hombre, Casillas, sublime una vez más. Primero le sacó un disparo seco a Messi (m. 74), que había decidido tomar las riendas. Luego a Pedro, un minuto después, y más tarde a Iniesta. Antes, en el minuto 68, la acción más espectacular de Messi, que se fue por velocidad de cuantos jugadores blancos le salieron al paso, acabó en las redes de Casillas tras un disparo de Pedro, en fuera de juego por al menos un pelo de distancia.
No pudo el Barcelona en toda la primera parte, y en la segunda, se estrelló contra Casillas, lo que al final se convirtió en el ingrediente último para elaborar la ansiedad. Incluso, de no ser por una manopla de Pinto tras un genial disparo lejano de Di María, el Barcelona pudo haber perdido antes.

Y en esas llegó la prórroga. Con un equipo sin gasolina (el Madrid) y otro desquiciado. Con un plan ejecutado (el de Mourinho) y otro frustrado. Hasta que Di María se sacó de la manga un centro que puso en la cabeza de Cristiano Ronaldo. Todo un homenaje a ese personaje llamado José Mourinho.

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