lunes, 24 de diciembre de 2018

Cinco claves del título de Real Madrid en los Emiratos Árabes

El Real Madrid conquistó su tercer Mundial de Clubes consecutivo y se convirtió en el equipo más laureado de la competición, gracias a su firmeza en un torneo que encaró con mentalidad de ganador, en el que Marcos Llorente se reivindicó, Gareth Bale fue líder y Luka Modric regresó a su mejor versión.

La mentalidad del campeón


Las dudas de una temporada irregular, sin continuidad en buenos resultados, y las malas sensaciones que se transmitían desde el terreno de juego, desaparecieron en un Real Madrid centrado en su último objetivo del 2018. Sus jugadores se transforman en partidos que deciden títulos, en finales que se han acostumbrado a ganar. Muestran un espíritu competitivo difícil de igualar. Con la seriedad que encararon el Mundial de Clubes, dejaron sin opciones a campeones de otros continentes que están a años luz cuando miden sus fuerzas al campeón de Europa. A la diferencia individual entre futbolistas, los jugadores de Santiago Solari le añadieron fortaleza mental para traer de vuelta una imagen incontestable.

Modric, cierre a lo grande al mejor año de su vida


Despidió 2018, un año inigualable en la carrera de Luka Modric, recuperando la mejor de sus versiones. Dirigió la goleada madridista jugando con libertad, apareciendo entre líneas para desequilibrar, asociándose con todos sus compañeros a los que hace mejores cuando él se siente bien con el balón. El bache físico de inicio de temporada le duró mucho al croata tras un verano largo de intensas emociones. Vuelve a sentirse bien y el Real Madrid lo nota. Marcó el primero de la final con un gran disparo y fue uno de los grandes protagonistas para cerrar su año. Campeón de la ‘Champions’, líder de la Croacia subcampeona del mundo, ganador de todos los premios individuales del reino Messi y Cristiano Ronaldo, con un nuevo Mundial de Clubes para una vitrina personal que no para de ampliar.

Alegría en el juego aumenta la pegada


Salvo en el triunfo incontestable ante la Roma en el Santiago Bernabéu, no se había visto una imagen tan imponente del Real Madrid esta temporada. Jugó con alegría cada partido del Mundial de Clubes, creció desde el balón y generó continuas ocasiones de gol que acabaron recuperando la pegada. Sin Cristiano Ronaldo el equipo blanco sigue teniendo gol. Gareth Bale lo demostró con su triplete de semifinales y en la final ante el desacierto rematador de los delanteros, llegaron goles de jugadores de segunda línea como Modric o Marcos Llorente y Sergio Ramos recuperó su potencia en el juego aéreo en acciones a balón parado. Siete goles en dos encuentros con los que frenaron en seco los inicios con esperanza y ocasiones de sus rivales.

El Mundial de Llorente

Hace poco un constipado del brasileño Casemiro hacía temblar al equipo. Se retrasaba la posición de Toni Kroos, incómodo de mediocentro destructivo, y hasta se puso a Dani Ceballos en una demarcación antinatural para un centrocampista de sus características creativas. Nadie miraba al sustituto natural y Marcos Llorente, digiriendo la decepción de quedarse en la grada semana tras semana, trabajaba en Valdebebas y aún más fuera para exhibir una preparación inmejorable. Cuando Solari le dio una oportunidad hizo lo más difícil, brillar. No se notó su falta de continuidad. Jugó como si lo hiciese con frecuencia y con minutos, con partidos consecutivos, creció su autoestima y la convirtió en liderazgo. Jamás olvidará un Mundial que será su salto definitivo.

Bale, el líder que desea el madridismo

Se quedó con las ganas de convertirse en el máximo goleador de la historia del Mundial de Clubes. Un tanto le bastaba para igualar a Cristiano Ronaldo, pero en la final tuvo ocasiones incluso para superar al portugués. Le faltó acierto a Bale, el que le sobró en semifinales con su triplete. Lo que nadie le puede acusar es de esconderse. Dejó una nueva exhibición física, explotando sus virtudes y velocidad para desequilibrar. Solari ha conseguido que vuelva a ser feliz en la banda izquierda y su mejoría en el rendimiento provoca también la de todo el Real Madrid. El galés dejó en el Mundial la imagen de liderazgo que el madridismo le demanda.

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