martes, 7 de mayo de 2019

De mejor del mundo a ser un fracaso en una semana

¿Cómo explicar que un tipo pasó de un miércoles a ser el dios del fútbol (así lo había definido Pochettino) y del Barcelona a este del Anfield, sin eficacia y por momentos ido del partido como todo su equipo? Lionel Messi pasó de los dos goles en la ida a esta revancha en Inglaterra en el que estuvo cerca del gol pero le faltó lo de la semana pasada, esa eficacia que lo distingue en momentos cumbre. Y como el Liverpool fue apabullante, los 90 minutos del 10 fueron a la altura de todo su equipo: poco fútbol y poca rebeldía en una situación compleja.

El cierre de Messi fue en su campo, generando una falta con Suárez. Con la cinta de capitán y la cara seria, como perdido, como a veces se lo ve en la Selección cuando no encuentra los caminos. Porque a diferencia de otras veces en las que se puso el traje de salvador, esta vez no pudo sacar la cabeza: tardó en definir en el PT cuando estaba 0-1. Tuvo un tiro libre que generó encarando al área, desde una posición similar a la que había clavado en el Camp Nou para el 0-3 que dio en la barrera, y ya con el 0-4 (tremendo regalo), picó por derecha, definió al primer palo y tapó el corner el arquero rival.

Deambuló la cancha, absolutamente desorientado como el equipo, como reconoció Busquets: tuvo dos tiros al arco en todo el partido y sólo pudo generar una falta en los 90 minutos. Nunca se pudo transformar en el líder del Barcelona. Como Suárez, un asesino serial que no apareció. O Busquets, o Piqué. Perdido estuvo Leo en Inglaterra, un golpazo en el año en que soñaba con una catarata de títulos: la Liga que ya ganó, la Copa del Rey que puede ser y la quinta Champions en Madrid, nada menos, después de que ganara la última en 2015.

Pero como en sus peores partidos, el genio nunca pudo arrancar. Es raro ver un Messi así en el Barcelona, tan golpeado, tan reducido a un jugador del montón, tan apabullado. Soñaba con llegar al palo a la Copa América, levantando la Orejona que le está siendo esquiva al Barcelona. Pasó de demostrar por qué es el mejor del mundo a un fracaso enorme. Tan enorme como el golpe mundial que dio el Liverpool.

Messi y Ronaldo son jugadores que no dejan de sorprender por su vigencia en el fútbol internacional, quizá tenga para estar en la élite unas cuantas temporadas más, pero con Argentina, que no consiguió títulos a nivel mayores, su gran oportunidad será en Brasil dentro de la Copa América que inicia en junio.

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