jueves, 26 de abril de 2012

Ahogados en su propia sangre

Resulta que no, que estos dos equipos venidos de otra galaxia no se componen de seres superiores bajados a la tierra para enseñar al resto cómo se juega al fútbol y cómo se ganan todos los trofeos. Resulta que Cristiano, Messi, Kaká, Xavi, Benzema o Iniesta son tan humanos como el resto y se cansan, física y mentalmente, que es lo mismo. Real Madrid y Barcelona no disputarán la final de la Champions, como estaba escrito, porque el balón no entiende de matemáticas, porque éste viaja caprichosamente en una u otra dirección, dando y quitando razones, y porque todo o casi todo en esta vida tiene remedio, como han demostrado, cada uno a su manera, Roberto di Matteo y Jupp Heynckes, dos hombres que sin el afán de protagonismo de Mourinho y Guardiola han proporcionado al fútbol español una cura de humildad probablemente beneficiosa para compromisos futuros.

"Quedan en la cuneta Barcelona y Real Madrid. Otra vez el propio fútbol volvió a hacer de las suyas y nos devolvió a la realidad por encima de las prematuras, y a lo que se ve, poco fundamentadas apuestas", resume hoy el técnico Rafa Benítez en su página web. Ya se puede afirmar que este Bayern juega bastante mejor al fútbol que el Real Madrid de Mou, un Madrid que de nuevo jugó en casa como un visitante tras encontrarse con un 2-0 a favor transcurridos apenas 15 minutos de encuentro.

Coinciden los socios con más canas que en otros tiempos el conjunto blanco no hubiera dejado escapar una eliminatoria con viento tan favorable, que los alemanes hubieran regresado a casa con un saco de goles. Pero este Madrid permite a los oponentes levantarse tantas veces como sea necesario, sobre todo en Chamartín, donde la grada desespera al comprobar, pese a invocar en repetidas ocasiones al espectro de Juanito, que su equipo no solo no intimida como antes sino que se muestra incapaz de serenar y controlar el ritmo del juego sea cual sea su ventaja, y en cambio se entrega a un intercambio de golpes confiando en que su tremenda pegada pesará más que la del contrario.

El Madrid cayó en los penaltis pero pudo certificar su eliminación antes del descanso ante el grupo de Heynckes, el responsable de un cuadro que sabe combinar virtudes del Barcelona -posesión sin conducción y capacidad para combinar en corto por dentro y por fuera- y del Real Madrid -velocidad y desplazamiento en largo del balón- para formar un equipazo de cuya base se teme con razón que pueda salir el campeón de la próxima Eurocopa.

Mourinho se refirió al cansancio acumulado en la última semana para justificar la eliminación del Madrid y del Barça, que pocos días antes se habían jugado el título de Liga en el Camp Nou, no pudiendo así reservar a sus mejores futbolistas para tan señalada noche europea. Pues contra la fatiga, nada mejor que jugar muy juntitos, al ataque y en defensa, teniendo la pelota, si acaso durmiéndola tras el 2-0. Pero no. Este Madrid consta solo de un registro fundamentado en la velocidad de sus delanteros, los envíos largos de Xabi Alonso y la precisión y visión de Özil para encontrar los espacios. Ante el Bayern, sin el depósito lleno, cayó víctima de su propia agitación.

Si bien la fatiga no debe servir de excusa en las dos plantillas más completas del mundo, vasto fondo de armario en el que Mourinho y Guardiola apenas confían, sí debe reconocerse la presión a la que Real Madrid y Barcelona se han visto sometidos en este curso y especialmente en esta última semana. Los errores de Messi y Cristiano simbolizan la saturación de ambos cuando todo el mundo los creía insaciables, fuente infinita de éxito. Dijo Guardiola hace poco que ambos se retroalimentan, que su pique los hace aún mejores, pero quizás también los agote antes de tiempo como agotados, incapaces, sin fe, acabaron sus compañeros. Tal intensidad alcanza hoy el duelo doméstico entre los dos colosos, a tal punto ha llegado la exigencia de ambos desde agosto hasta mayo que los dos desperdiciaron una ventaja de 2-0 en casa en las semifinales de la Champions, algo impensable hasta hoy. Por todo esto Europa, cansada ya de que el debate se limite a ellos exclusivamente, brinda por su ausencia en la final. En esta ocasión, en lugar de retroalimentarse, Madrid y Barça se anularon.
Elmundo.es

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